Imagínense un carro que va en contra-vía sin saberlo y comienza a andar; de repente, se encuentra con montones y montones de carros que pasan al lado: acelerados, evadiéndolo, pitándole, insultándolo y casi subconscientemente él se detiene asustado y voltea para unírseles. Inmediatamente, el conductor piensa que acabó de hacer una locura, se dice a si mismo que jamás hará algo así otra vez; sin embargo, en su memoria quedará como una pequeña ceniza latente esa idea... ¿Será que no iba en contra-vía, que hubiera pasado si continuara?
Los que continúan, se chocan o les ponen un parte, les quitan la licencia y les dicen "¡No vuelvas a hacer eso! ¡Eso está prohibido!", les dan clases sobre como conducir adecuadamente, les hablan de las consecuencias de hacer dicho acto, finalmente termina el conductor por aceptar que condujo en contra-vía aún si todo su ser le dice que no lo hizo.
Los que continúan, se chocan o les ponen un parte, les quitan la licencia y les dicen "¡No vuelvas a hacer eso! ¡Eso está prohibido!", les dan clases sobre como conducir adecuadamente, les hablan de las consecuencias de hacer dicho acto, finalmente termina el conductor por aceptar que condujo en contra-vía aún si todo su ser le dice que no lo hizo.
Nos han enseñado a ser como ese conductor prudente, que es obediente y no cuestiona, que nunca trasciende. Cada día sin darnos cuenta estamos perdiendo nuestra condición de seres humanos, tan sutilmente como la tierra logra girar sin que lo notemos. Zygmut Bauman, un gran filósofo de nuestro tiempo nos habla de una "Sociedad Líquida" de la cual todos hacemos parte. Una sociedad donde ya nada es sólido, donde los conceptos que creemos más firmes son como hielo esperando a derretirse.
Convivimos con una sobrecarga de información diariamente. Estamos constantemente rodeamos de información que nos llega de todos lados a una velocidad imparable, no tenemos tiempo de procesarla y, como la escuchamos tan seguido y en todas partes, terminamos por otorgarle cierto carácter de verdad. Olvidamos detenernos un segundo y pensar: ¿Será que esto sí es así? Cada vez que negamos el uso de nuestra capacidad de elegir, negamos un poco nuestra esencia de seres humanos. No olviden nunca que la capacidad de formular nuestros propios pensamientos está en cada uno de nosotros, y ¿saben algo? Es totalmente gratis.
Convivimos con una sobrecarga de información diariamente. Estamos constantemente rodeamos de información que nos llega de todos lados a una velocidad imparable, no tenemos tiempo de procesarla y, como la escuchamos tan seguido y en todas partes, terminamos por otorgarle cierto carácter de verdad. Olvidamos detenernos un segundo y pensar: ¿Será que esto sí es así? Cada vez que negamos el uso de nuestra capacidad de elegir, negamos un poco nuestra esencia de seres humanos. No olviden nunca que la capacidad de formular nuestros propios pensamientos está en cada uno de nosotros, y ¿saben algo? Es totalmente gratis.
¿Qué tanto de lo que consideramos parte de nosotros es propio? Podríamos, en aras de incurrir en otros aspectos, reducir la personalidad a todas las experiencias, vivencias e ideas que han formado a una persona y que por eso mismo la hacen única. Pero deténganse un segundo y piensen... ¿Nos pertenece nuestra personalidad? ¿Cuántas de esas experiencias, vivencias e ideas fueron propias? La verdadera personalidad nace cuando somos capaces de ver nuestras experiencias como propias y únicas, cuando rasgamos a través de todas esas capas ficticias de ilusiones que hemos convertido en realidades (la vanidad, los prejuicios, los dogmas, las críticas, los insultos, las apariencias) es en ese momento cuando nos encontramos con nosotros mismos. En una batalla que no es fácil de ganar llega la hora de destruir y botar todo lo que no se encuentra allí por decisión propia, nuestro concepto de una realidad construida por trivialidades. Nos encontramos cara a cara con nuestra esencia cruda y humana, pero viva ante todo; y no sólo viva, sino moldeable, a la merced de nuestra creatividad e imaginación. Hemos comenzado a conducir en contra-vía.
El macrocosmos y el microcosmos en el texto inicial, qué decir de ello. Cuán escaso es nuestro conocimiento en uno u otro. Sólo quedan perplejidades, sensaciones de saber más y quizás, dejar que el mañana sea más claro con estos mundos.
ResponderEliminarEl texto siguiente, más apetecible por mis inquietudes, no deja de ser revelador para muchos que ignoran el mundo en el cual vivimos. Esta es la era líquida, la vida líquida, el dinero líquido, la materia líquida.
Gracias por compartir.